Suzanne Valadon llega al MNAC con una epopeya moderna.

15 May , 2024 Museos

Suzanne Valadon llega al MNAC con una epopeya moderna.

El Museu Nacional de Catalunya (MNAC) expone hasta el 1 de septiembre la muestra Suzanne Valadon. Una epopeya moderna, la primera exposición antológica que se hace sobre ella en el Estado español. A través de la obra de Valadon iniciamos un viaje para descubrir cómo de emblemática fue su figura en el París de finales del siglo XIX y principios del XX.

Suzanne Valadon, de modelo a artista

Suzanne Valadon nació en Bessines sur-Gartempe, algunas fuentes apuntan que en 1865 y otras que en el 67. Estas imprecisiones forman parte de las ganas que ella misma tenía se disimular su pasado biográfico. Lo que sí sabemos seguro es que sus orígenes eran muy humildes y a los cinco años viajó junto a su madre a la gran capital, París, para huir de la precariedad. Aquella pequeña niña que más tarde se convertiría en artista soñaba con ser amazona, pero se conformó con trabajar como trapecista a muy temprana edad.

El circo no era una actividad pensada para una buena dama, pero a ella nadie le exigía decoro alguno. Así que llegado el momento, Valadon sustituyó la vida circense por la de modelo y trabajó en los círculos de Montmartre con artistas como Degas, Tolouse-Lautrec, Ramón Casas, Santiago Rusiñol o Miquel Utrillo.

En la muestra que estos días se encuentra en el MNAC captamos desde buen inicio la atmósfera efervescente del Montmartre del fin de siècle. La pared que nos da la bienvenida se alza con una gran fotografía del París de la época y solo nos faltaría escuchar el sonido de los tranvías para sentir que estamos allí mismo. En esta primera sala podemos contemplar Mujer con medias blancas (1924), la obra que da imagen al cartel de la exposición, junto con pinturas de Ramon Casas, Santiago Rusiñol, Miquel Utrillo y Joaquim Sunyer. Todos estos pintores catalanes tuvieron una presencia muy importante en el arte y la cultura parisina del momento y el museo ha querido destacar el fuerte vínculo que mantuvieron con Suzanne Valadon. De hecho, Miquel Utrillo fue su pareja y juntos tuvieron a Maurice Utrillo, quien también se convertiría en pintor.

Así pues, a los quince años Valadon ya trabajaba como modelo y es por eso que la encontramos en obras de los más grandes artistas de la belle èpoque. Pero ella tenía muy claro que ese no era más que el paso previo a su objetivo de ser artista. Y aprovechó que estaba rodeada de los mejores pintores de su momento para aprender de ellos. En silencio observó cómo sostenían el pincel, cómo mezclaban los colores, cómo diseñaban la composición… Y lo adaptó a sus propios bocetos que tardó varios años en enseñar.

Recuperar su propia imagen

Pero llegó un momento en el que sus dibujos vieron la luz y fue Degas quien le insistió en continuar por ese camino. Él le enseñó a grabar en su propio taller y le recomendó que luchara por convertirse en artista. Y ella le hizo caso.

En la exposición podemos ver Autorretrato en el espejo (1927), donde la artista toma las riendas de su propia imagen. Parece que haya un cuadro dentro del cuadro, pero lo que en realidad vemos es un espejo. Y en este marco, nos encontramos con la artista que nos mira a los ojos. No es casual que el espejo parezca un lienzo, porque remite a todas esas veces que Valadon vio como otras manos dibujaban su cuerpo. Aquí, ella es la dueña de su imagen y se muestra orgullosa, serena y confiada.

Autorretrato de Suzanne Valadon en un espejo, con fruta y otros objetos de naturaleza muerta.
Suzanne Valadon, Autorretrato en el espejo, 1927.

En la misma sala de la exposición encontramos El verano o Adán y Eva (1909), el primer desnudo masculino pintado por una mujer. El modelo, André Utter, también era artista y amante de Valadon, veintiún años más joven que ella. En un origen, tanto el hombre como la mujer de la pintura estaban desnudos, pero Valadon tuvo que censurar el cuerpo de él para poder exponerlo en el Salon d’Automme de 1920. Ella misma pintó las hojas sobre los genitales de Adán que están en la obra actual. Sin embargo, el cuerpo de Eva no se modificó, porque no consideraban que un desnudo femenino fuera problemático.

Cuadro colgado en una de las salas del MNAC de Barcelona. En él, salen Adán y Eva desnudos, ella sujetando una manzana.
Suzanne Valadon, El Verano o Adán y Eva, 1909.

Retratos y desnudos

El retrato fue el género que más cultivó Suzanne Valadon. Mientras los artistas de vanguardia se rompían los sesos buscando nuevas maneras de crear arte, Valadon prefería seguir su propio camino y desarrollar un estilo personal e independiente de las tendencias del momento. Tanto su paleta como sus pinceladas nos remiten al impresionismo y al fauvismo, pero en ningún caso se amolda a estos estilos para que la definan, sino que bebe de estas influencias para trazar su propio camino.

Es así como la exposición nos muestra muchos de los retratos en los que trabajó, donde observamos escenas domésticas desde la intimidad y la complicidad. En los primeros años del siglo XX las familias burguesas separaban los espacios femeninos y masculinos dentro de las casas y Suzanne Valadon retrató a muchas mujeres en estos lugares de intimidad, donde los hombres no solían acceder. Es por esto que en sus retratos percibimos una atmósfera suave, familiar y costumbrista en la que las protagonistas se encuentran haciendo sus tareas con tranquilidad. Vemos a mujeres cosiendo, leyendo o pasando el rato con sus mascotas, como es el caso del Retrato de Miss Lily Walton (1922), donde Lily Walton está sentada con su gato en el regazo.

Varios retratos de Suzanne Valadon cuelgan de una pared del MNAC en Barcelona.
Varios retratos de Suzanne Valadon cuelgan de una pared del MNAC en Barcelona.

Otro punto fuerte de la obra de Suzanne Valadon son sus desnudos, y es que utiliza su mirada femenina para subvertirlos desde la raíz. Los desnudos femeninos pintados por hombres artistas están idealizados, creados bajo un ideal estético que persigue la belleza, pero en ningún caso la representación de la realidad. Valadon, en cambio, sí se fija en los cuerpos de las mujeres a las que retrata y los plasma tal y como son. Es sorprendente ver cuerpos tan reales en una pintura. Desnudos en los que los pechos son mucho más grandes que las caderas, figuras rectas y delgadas con casi ninguna curvatura o abdómenes flácidos y llenos de michelines.

Pintura en la que aparecen dos mujeres desnudas con cuerpos realistas, algo que no es muy común en la historia del arte.
Suzanne Valadon, Dos figuras, 1909

En definitiva, los cuerpos que pinta Valadon son reales y no están edulcorados por razones estéticas. No busca que encajen en ningún canon, ni quiere que el espectador disfrute de la belleza de la modelo. Lo que ella busca es la realidad, la verdadera forma de los cuerpos que posan delante de ella. Y esto, en un momento en que las mujeres se pintaban como objetos, era revolucionario.

El legado de Suzanne Valadon

En la última sala se muestra una de sus obras más famosas, La habitación azul (1923). En ella vemos a una odalisca moderna, una mujer que lleva ropa de ir por casa y que fuma sobre una cama, con libros a sus pies. Esta obra es toda una declaración de intenciones, porque nos muestra a una mujer que no está sexualizada y que tiene intereses propios.

Mujer recostada a modo de odalisca, vestida, con un cigarro en la boca y libros al lado de sus pies.
Suzanne Valadon, La habitación azul, 1923.

Y a su izquierda encontramos Autorretrato con los pechos desnudos (1931), un óleo en el que la artista enseña sus pechos a la edad de sesenta y seis años. Su mirada se fija en nosotros, amenazante, y podemos intuir el orgullo que en sus últimos años sintió del camino que había recorrido. Un camino difícil, lleno de contratiempos y que muy pocas mujeres pudieron lograr. Un camino que inició con su propio cuerpo, muchas veces desnudo, posando inmóvil durante horas ante la mirada inquieta de los más grandes artistas. Y que terminó sola, adueñándose de su imagen y mostrándose al mundo tal y como ella quería. Con orgullo.

Autorretrato de Suzanne Valadon con los pechos desnudos a los 66 años.
Suzanne Valadon, Autorretrato con los pechos desnudos, 1931.

Suzanne Valadon. Una epopeya moderna es una exposición muy necesaria, porque no solo pone en valor la obra de esta gran artista, sino también la mirada femenina en el arte de la modernidad. En ella podemos ver dos puntos de vista: el de los hombres artistas mirando a Suzanne Valadon y el de Suzanne Valadon mirando al mundo, incluso mirándose a sí misma. Y, lo que es más importante, subvirtiendo la imagen de las mujeres que ha dominado la historia del arte.

No es habitual ver a una artista que ha sido también musa y que ha dejado huella en ambos lados. Así que una muestra como esta es, sin duda alguna, un motivo de celebración.

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